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lunes, 5 de julio de 2010

Un tropiezo...

¿Has tropezado con este blog? Bienvenid@. Guárdalo. En tus favoritos, en tu corazón... pero pasa de cuando en cuando. Aquí siempre hay lugar para quien quiera estar. Una vez tropecé con una persona y se convirtió en alguien imborrable en mi vida. Antes tropecé con cosas que también quise conservar.
Como verás, al menos para mí, el tropiezo no es una experiencia negativa. No.
Tropieza con Ahora que lo pienso... cada vez que quieras.

miércoles, 30 de junio de 2010

Good News! Sir Ken Robinson

En ocasiones lo obvio es lo más oculto (por escasa curiosidad en la mayoría de ocasiones). Hace tiempo descubrí -a través de las TED Talks- a Sir Ken Robinson: brillante. Brillante en la concepción, brillante en la exposición... Mi escasa curiosidad no me hizo buscar su web que hoy, buscando si existe uno de sus libros en castellano (Epifanía), me encontré.
¡Qué tonto fui al no tropezar con ella antes!

martes, 29 de junio de 2010

¡Oh, Capitán, mi Capitán! Lo que hay que ver...

¿Te has planteado alguna vez que podemos ser algo más que una sólida estructura y una cómoda existencia? ¿Has pensando, siquiera por un momento, que tenemos criterio, gusto y opinión? La respuesta es 'no'. Siempre es 'no'. ¿Por qué? Porque es más cómodo no preguntar. Es de poderosos asumir. También de torpes.
Nos instalas y ahí estamos, divididas en dos: las ocupadas y las libres. Las primeras, con suerte, sufren la opresión de amantes del espectáculo, respetuosos silencios y ruido de aplausos. Si no tienen suerte sufren golpes, comentarios... Son maltratadas.
Las otras, las libres -más en estos días-, sufren el espectáculo o lo disfrutan. Porque nadie les ha preguntado si quieren estar ahí, si les gusta el cine o el teatro. Con suerte, cuando son mayores, las restauran pero nada más. Jamás les preguntarán.
Las personas son un poco así: ¿de verdad creen que eligen el espectáculo que les toca ver?

jueves, 24 de junio de 2010

Good News! 'Buz Laityía ar rehcate'

Quizás este año haga una excepción y vaya al cine dos veces. Después de Alicia (alabado sea Johnnie Deep), llega...

miércoles, 23 de junio de 2010

Ahora que lo pienso... tengo un C.I. que no me lo merezco.

No sé si lo saben pero… ¡yo fui un niño superdotado! Sí, ¿qué pasa? Bueno, ahora lo llaman de ‘altas capacidades intelectuales. En realidad le cambiaron el nombre por mi madre. La mujer quería matricularme en un colegio de curas y le pareció que entrar con la etiqueta de ‘superdotado’ podía parecer una invitación… al equívoco. Lo entienden, ¿verdad?

Mis padres empezaron a sospechar que era superdotado una vez que se acercaron a la cuna y vieron que me había cambiado el pañal y les había dejado una nota:

“Papá, Mamá… la próxima vez, por favor, déjenme los polvos de talco más cerca, que todavía no sé caminar. Por cierto, los de Mercadona son más baratos y también me sirven. Un afectuoso saludo”.

Fliparon.

Hasta cumplir los tres años, todo como un niño normal. Me costó terminar la E.G.B. porque no entendían mi acento inglés –adquirido viendo obras de Shakespeare-. A partir de ahí, como mis padres estaban forrados –después de hacerme caso e invertir en unos bonos alemanes- se dedicaron a hacer lo que se supone que es conveniente para un niño con mis capacidades: estresarlo.

Se dedicaron a apuntarme en todo tipo de actividades extraescolares para localizar mi talento. Así probé el piano, el ballet, la pintura, entré en política –en las Infancias Socialistas-, viví en el Tibet seis meses… Aburrido de los conciertos en el ‘Carnegie Hall’, de dar consejos a Ángel Corella, de asesorar a los Thyssen –sobre cuadros, el pelo de Tita no es cosa mía- y de explicarle al Dalai Lama lo de la reencarnación… decidí ser un niño normal.

Pero era complicado con mi coco. En el recreo, el fútbol no era lo mío… pero lo del carrilero lo inventé yo. Siempre me elegían el último y nunca me la pasaban. ¿Qué hacía yo? Correr la banda pa’rriba y pa’bajo. Pues eso, de carrilero. En realidad creo que les molestaba que cuando salía a jugar les planteara que con ese rival era mejor jugar 4-3-3. Hasta Guardiola nadie entendió mi manera de ver el fútbol.

Quise integrarme siendo ‘uno de los malos’, así que inventé un explosivo con lo que había en el laboratorio. El de mantenimiento, un Iraní, desapareció días después de que me desaparecieran los apuntes de química. Raro.

También probé a fugarme de clase… y nada. Para aprovechar el tiempo que no estaba en el colegio me matriculé en Económicas. Al salir de la facultad íbamos todos los colegas a una hamburguesería de mala muerte. Un día, el propietario se sentó con nosotros y nos contó que le iba mal. Le anoté en una servilleta un par de ideas… No sé qué será del señor Mc Donald.

Mis padres seguían preocupados porque no aparecía mi talento y pensaban que perdía el tiempo con los niños de mi edad. Me enviaron a EEUU con una familia para que aprendiera inglés. No aprendí mucho. Me pasaba casi todo el tiempo con mi hermano americano y con su ordenador. Aquel garaje era tan oscuro y asfixiante que pensé: “a este garaje le hace falta una ventana”.

Al día siguiente tuve que volver a casa pero le dejé a Bill un par de ideas. No sé si las habrá usado. Era muy generoso en aquella época y todo lo regalaba. Espero que no haya cambiado.

Decidí dedicar tiempo al francés y al griego. Bueno, no estaba mal pero en los ratos libres me ponía a estudiar idiomas.

Al final decidí que no era tan interesante y dejé de ser superdotado. Ahora soy normal y sé que dos y dos no son cuatro, me da igual si Hernán Cortés descubrió América en 1969, si la Teoría de la Gravedad de Einstein es v = e/t, si un seno tira más que dos carretas o si el animal que corre más rápido es Usain Bolt.

Total, todo eso sólo sirve para conseguir quesitos en el Trivial.